De mí, para ustedes: gracias.

Somos de quienes nos recuerdan, y a los que recordamos… nunca se van.

Lo enseña el tiempo, se quiera o no.
De la vida se aprende a respirar, esperar y paulatinamente, seguir aprendiendo. No basta la fuerza de lo que somos ni de lo que fuimos; por naturaleza el ser humano es un ser social, y por tal razón necesita del contacto para avanzar. Esto tampoco implica dependencia, esclavitud o ignorancia, pero se tiene que entender que cualquiera que sea el destino que se escoja, en el camino se cruzarán personas que, para bien o para mal, nos enseñan a cambiar.

El cambio no es algo necesariamente malo, es simplemente necesario. Crecer implica variar los gustos, los colores, los sabores; la textura del alma cambia al tiempo que nuestros ojos se adaptan al mundo. Ser agradecido con quienes rodean nuestra existencia no debería estar infravalorado, al contrario, el valor de aquellos que nos hicieron (y nos harán) no puede ser medido ni contado, ni siquiera a medias.

Recuerda(los).

 

Y al final solo seremos polvo,
flotando junto a otros.

Te acompaño

Te acompaño cuando lo necesites así tú no me lo avises, porque sé que estás ahí con mi presencia junto a ti.
 
Te acompaño a descubrir lo absurdo del sufrir, en la soledad de tus brazos cuando caigan derribados.
 
Te acompaño sin nada que decir, te acompaño con todo por vivir.
 
Así se pierda esperanza y se libere la desgracia, te acompaño esperando el porvenir, con la ausencia de palabras, con un nudo en la garganta. Te acompaño por esta vez, por las pasadas ya olvidadas, por tu sonrisa curvada entre lágrimas borradas.
 
Te acompaño en el silencio porque así escucho lo que tu corazón grita, aún cuando en tu cara finjas que nada pasa. A ti que me lo diste todo, a ti que me enseñaste tanto, a ti y por ti, te acompaño a por lo menos desahogar tu dolor; te acompaño en la prisión de tu llanto.
 
Te acompaño porque sé lo que en tu mente habita, lo que tu alma me dicta. Si de maneras se tratase, mil y unas tengo para buscarte, unas cien para abrazarte y más de lo que piensas para amarte. Mientras dure tu dolor en mi pecho encontrarás amor, fundiéndote con ternura, borrándote las arrugas.
 
Así estés lejos, así no te pueda ver, te escucho respirar, escucho a tu corazón palpitar. Porque me duele que te duela.
 
Quiero pensar que mi vida, la cual no es más que tu ser, le sonríe a tu camino que de mi mano camina. Te acompaño porque me importas, te acompaño aunque no lo notas.
 
Difícil esperar que del tiempo penda la esperanza, pues es deber y obligación superar y aprender, de las coincidencias y de las penas. Deber y obligación seguir en la vía, nunca detenerse en el punto de partida.
 
Te acompaño en el hoy, en tu ayer y en nuestro mañana.
 
Te acompaño, porque lo vales todo.

Carta dirigida

Sentirse roto por dentro y no saber qué hacer, pensar o decir, incluso decidir.

Sentirse vacío de ese todo que alguna vez estuvo completo; lo que se perdió y no ha vuelto.

Nadie debería sentirse roto por los errores cometidos, pero ¿por qué existen esos malditos errores? Solo dejan malas experiencias: más angustia, más rencor del daño causado, más dolor del que pueda ser soportado… y todo se resume a la resignación. Resignarse a estar solo, a encerrarse tras un muro esperando que alguien pueda derrumbarlo y de nuevola nada.

Los errores también causan ausencia. Causan demencia. Causan más que todo soledad.

Recordar viejos momentos compartidos y sentirlos más vivos que nunca; con ellos se escapan sonrisas bañadas por una lágrima que rueda por tu mejilla sin saber de dónde salió, o cuándo. El significado de reír y llorar es tan relativo, tan sujeto a las causas que definen esos momentos y lo que significaron para ti.

¿Qué importa ahora que nada de aquello tienes? ¿Qué define tu sentido de seguir viviendo?

La esperanza de encontrar una forma de pagar tu condena: una segunda oportunidad que te brinde sanar las heridas, cicatrizarlas al menos, dándote un segundo respiro que se conviertan en muchos más. No volver a doler, no volver a llorar, no volver a sangrar. Volver a confiar.

Volver a soñar es un lujo que todos deberíamos poseer, un derecho tan natural y tan real, tan fácil de lograr y que muchas veces se ve opacado por estos errores que devastan nuestros días.

Un escrito más que tal vez se convierta en menos el día de mañana, olvidado en el ayer. Esto te lo dedico a ti si crees que estás solo experimentando el sufrimiento. A ti si estás seguro de que no hay más para dar. A ti que estás sujeto a la soledad y a la profunda amargura que dejaron tus errores.

A ti quiero decirte que algo que no puedes controlar son las agujas del reloj. El tiempo es lo único seguro que pasa, tiempo que se lleva las oportunidades de redimirte a ti mismo.

No tengas miedo de alzar de nuevo el vuelo. Los errores se cometen porque somos humanos y es de humanos cambiar el rumbo de nuestra historia. Es de humanos no seguir un destino, crear el propio camino y respirar tan profundo como podamos.

Si lloras, lamentas y gritas de dolor, recuerda que se puede aprender a reír. Las lágrimas lo hacen. Aprenden justo en el momento en que decides hacer algo fuera de lo normal. Cuando decides cambiar tu forma de pensar y actuar.

¿Sabes?, en este mundo tan inmenso hay mil maneras de cometer errores, mil formas de seguir un camino mal hecho y retractarte al final de ello. Unos días hay de todo y otros simplemente se acaba.

Agradece por todo lo malo. Duele, pero lo que no te mata te hace más fuerte, ¿cierto? Las distancias vuelan lejos cuando les apartamos la vista.

Alguna vez me dijeron que la vida es como un autobús del cual eres conductor. Siempre haces paradas donde algunas personas se bajan, otras suben, algunas te pagan y muchas no. Pero las que realmente se quedan contigo hasta el final del viaje son las que llegan inesperadamente a tu vida. No son las que mejor entrada hacen; son silenciosas. Saber distinguir a esas personas marcará una diferencia que no imaginas; el poder decidir es un detalle que no debes pasar por alto.

Comete errores, comete faltas, pero también recuerda que tienes el don de cometer milagros.

No te falles a ti mismo. Vuelve a respirar.

 

Fotografía: Valeria Salguero.

Noche entre estrellas

Publicado originalmente en Letras & Poesía


Es una de esas noches
sin fecha especial alguna,
una entre tantas
que pasan como estrellas,
iluminando el firmamento
y evocando con paciencia
desde la razón
hasta lo absurdo.

Es calmada,
es nerviosa,
enciende por dentro
y apaga al instante,
sonríe por los momentos
que han pasado
y solloza por los segundos
que se han robado.

Es filosófica
a su propia forma
y tan simple
en su presencia;
la llama presa
de la insistencia en lo eterno,
la ráfaga cautiva
del interés por lo fugaz.

Es la esencia
que deja marca,
la historia y el porvenir
del crepúsculo gitano
que libre y recio
enmarca la mente,
y con tanta pertenencia
sella la piel.

Es nostálgica
en la memoria pasajera
e ilusionada
en los deseos perdurables,
llenando de recuerdos
los vestigios del olvido,
creando desde el alma
y muriendo desde el corazón.

Es portadora
inherente del frío,
pero con calidez
en su pragmático latido;
invita a soñar
el despertar de los sentidos
que la incitan a insistir
en la renovación de su destino.

Es una noche
de intensas emociones,
indudablemente
hermosa.

31

Uno, dos…

Sus pisadas dejaban huellas en la nieve, despreocupado de lo que hubiera debajo de ellas.

Tres, cuatro…

Con la mirada puesta en el cielo y el corazón en las estrellas, respiró el aire gélido que le avivaba los pulmones.

Cinco, seis…

Atado a su dedo, un pequeño cascabel tomaba la forma de un anillo. Había sonado sin parar los meses pasados, esperando el día para cesar su silbido.

Siete, ocho…

Miró hacia atrás y en su alma despertó la calma. Contempló el paisaje, y aunque no todo era luz, no se arrepintió de ningún detalle. Estaba de pie, y seguía vivo.

Nueve, diez…

Tomó un pequeño desvío para reponer los sueños. Por su mente no pasó el mañana, mientras que el hoy solo era un paréntesis de la historia que llevaba rato escribiendo.

Once, doce…

En aquel momento agradeció por la vida, las oportunidades y el tiempo. Su cascabel sonó por última vez cuando cayó la última campanada. Había llegado a casa, y sobre la mesa de siempre, junto al café, un nuevo cascabel le esperaba.

 

Fotografía: Manuela Luna.

24

Regala risas, regala sueños, regala sueños con risas o risas sin sueño.

Regala momentos y tiempo, pausas en personas que giran sin freno.

Regala memorias nuevas, cuentos sin fin e historias que conmuevan.

Regala sin segundas verdades, donde nazca el deseo de hacer las cosas reales.

Regala la libertad de ser comprendidos, sin cadenas perpetuas o grilletes escondidos.

Regala el amor y transforma los grises, el mundo necesita renovarse con diferentes matices.

Regala lo imposible y, junto a ello, las ganas de hacerlo realidad.

Feliz Navidad.